| George Barris - El Rey del los Kustomizadores |
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Escribir esta historia me llena de orgullo y trae recuerdos inolvidables de mi juventud y de mi familia. Aun mas, hace apenas un par de años, con motivo de mi cubrir para el programa de televisión de "Elegancia Sobre Ruedas" el evento de Amelia Island Concours d'Elegance, tuve el placer de reencontrarme con el Sr. Barris. Digo reencontrarme, pues cuando yo era apenas un pre adolescente de 12 años, tuve el honor y oportunidad de visitar su taller y conocerle personalmente.
Esa primera ocasión vino en el 1960, cuando mi padre, Luis Muñoz Rivera y mi madre, Doña Rosita López de Munoz, nos llevaron a mi hermana Rosilui y a este servidor, a visitar Disneyland, en Anaheim, California. Ya a mis doce años, yo era un fiebrú "de clavo pasado", y para el 1960, el movimiento de los "hot rods" en California estaban en mero apogeo.
Mickey Mouse estaba "chévere" y los "rides" fantásticos, pero yo quería ver carros. Luego de montarme setenta veces en los carritos del Disneyland Speedway, yo quería me llevaran a Van Nuys, a Pomona, a North Hollywood, donde se reunía la fiebre. Mi hermana, poco menor de tres años que yo, no quería ni oír sobre carros ni "hot rods", por lo que llegamos a un acuerdo: mi papa se quedaría con mi hermana, y mi mama me llevaría a ver el taller de George Barris.
Armado con una revista de "Rod & Custom" de junio del 1960, mi mama y yo nos montamos en un taxi manejado por un mejicano y nos encaminamos a Lynwood, (dos horas de viaje), hacia el taller del "Rey de los Customizadores". El pobre Mejicano parece que no conocía bien el camino y nos perdimos una vez tras otra, hasta que a eso de las cinco de la tarde, el taxi se estaciono en la acera frente al taller de Barris. Como pueden imaginarse, yo salí por la ventana, pues no podía esperar ni que abriesen la puerta, y no hago mas que poner mi mano en la manecilla de la puerta del taller, cuando un empleado se acerca, le pone el pestillo y le da vuelta al rotulo para que lea CERRADO.
Mi mama vio el gesto en mi cara y poco falto para que ella también saliera por la ventana del taxi. Aquella jibarita de Caguas, como le llamaba mi papa cuando ella no podía oírle, se cuadro en aquella puerta y formo un escándalo que yo pensé que iban a llamar la policía.
Ante tal descarga, el propio George Barris salio a la puerta para explicarle a mi mama que ya eran pasadas las cinco y habían cerrado. Mi mama, que Dios la tenga en el cielo, una educadora de profesión y de corazón, de cuya boca jamás en mi vida salio una mala palabra, agarro al Sr. Barris por el brazo y le dijo: "mire señor, este muchachito lleva dos dias sin comer ni beber, solamente leyendo esa contrallada revista donde aparece su taller; llevamos tres horas montados en este condenado taxi que parece que no sabe ni por donde camina; por misericordia de Dios hemos llegado a su puerta y usted me dice que no va a permitir que mi hijo vea sus condenados autos? No, de ninguna manera, yo de aquí no me muevo hasta que el nene pueda ver lo que vino a ver".
Yo no podría asegurarles queridos amigos lectores, si el Sr. Barris entendió todo lo que mi mama le dijo en su ingles con acento puertorro y con el coraje que tenia, yo no se si fue el hecho de que una mujer de cinco pies con tres pulgadas se había erguido para medir como siete pies de alto, lo que si les puedo decir, es que el Sr. Barris me cogio por la mano y personalmente me llevo auto por auto, explicándome sobre estos y hasta me paso a un área restringida al publico en general, donde tenia varios nuevos proyectos. George Barris estuvo mas de una hora con aquel niño de doce años que hoy les escribe la historia, y en un momento de la visita, cuando mi mama no podía oírle me pregunta, "¬øEs ella siempre así de brava?" A lo que yo le conteste, Sr. Barris, hasta yo estaba asustado!
Concluida la visita, el Sr. Barris nos ofreció unos refrigerios, me regalo una foto con su autógrafo, que aun conservo, y le dio instrucciones al taxista para el camino de regreso a Anaheim. El camino fue uno silencioso, nadie hablaba y yo cansado de toda la emoción del día, me acomode cerca de mi mama le di un abrazo y un beso y las gracias por nuevamente haber hecho uno de mis sueños realidad.
Mis disculpas a los amigos lectores por presentarles este preámbulo tan personal antes del reportaje de George Barris, pero entiendo que con el cumplo tres propósitos; primero, reconocer la madre tan especial que tuve, que siempre me enseño a no abandonar mis sueños por mas remotos o difíciles estos fueran; segundo, el bagaje sentimental e histórico que la oportunidad de visitar a Barris en sus comienzos trajo; y por ultimo, el que alguna forma el Sr. Barris entienda el impacto que el poquito tiempo que dedico a un niño desconocido y a una madre motivada, son gratamente recordados hoy, casi cincuenta años mas tarde. Tal vez, algun padre o madre o abuelo de un joven tan acariñado con los autos como lo fui yo, se le presente una oportunidad similar.
Cuando charle con el Sr. Barris en Amelia Island en el 2005, le recordé la historia y el no se acordaba de mi (no espere que lo hiciera), pero si se acordaba de aquella señora que se monto en tarima para que dejaran entrar a su hijo!
George Barris nace a comienzos de los mil novecientos veinte en Chicago, y para el 1928, ante el fallecimiento de sus padres, el y su hermano mayor Sam, se mudan a Roseville, California, a vivir con unos parientes. Ambos fueron buenos estudiantes, destacándose también en drama, música y en dibujo. Ambos les encantaban el construir modelos, siendo sus favoritos los modelos de aviones y eventualmente autos. George sobresalió en esta afición, ganado varios premios en competencias escolares.
Ya jóvenes, sus parientes le obsequiaron un Buick del 1925 en pago por la ayuda que estos brindaban en el negocio de restaurante que operaban. Este Buick fue el primer vehiculo customizado por los hermanos Barris. Se le reparo la carrocería y luego George lo pinto a mano en tonos de azul y naranja. Mas tarde vendieron el Buick para comprar un Ford Modelo A del 1929.
El interés de los hermanos Barris continuo creciendo, poco tiempo después descubriendo la técnica de la reparación de hojalatería y pintura, algo que lograron al mantenerse como observadores y aprendices en diferentes talleres de hojalatería y pintura.
Aun en escuela superior, adquirieron un Ford del 1936, el cual modificaron y pintaron convirtiéndose este en su primer proyecto comercial. SU éxito con este auto le llevo a organizar un club de autos al que bautizo con el nombre de "Kustoms Car Club", done la letra "K", aparece por vez primera.
Cuando Sam fue a cumplir sus obligaciones militares, George se mudo a Los √Ångeles, donde sus talentos comenzaron a llamar la atención de mucha gente en la industria. A fines del 1944 abrió un taller en Bell, suburbio de Los √Ångeles y al regresar Sam de la guerra, abrieron un nuevo local en Compton, California. EL taller se dio a conocer como "Barris Brother's Custom Shop". Las destrezas de Sam como forjador y trabajador en metales, le sirvió en gran manera a George, con sus ideas de diseñar, pintar, administrar y promover.
Poco después, surgió un movimiento que revoluciono no solo al área de Los √Ångeles sino al mundo, cuando un caballero de nombre "Robert "Pete" Petersen, comenzó a celebrar unos "Hot Rod Shows" y a publicar una revista de nombre "Hot Rod Magazine".
La revista comenzó a promover el movimiento de autos customizados y los "hot rods", algo que ayudo al negocio de los hermanos Barris, pero que también le brindo a George la oportunidad de cultivar su afición por la fotografía.
El progreso obligo a los Hermanos Barris a buscar una nueva facilidad en Lynwood, hogar donde nació el legendario "Hirohata Mercury". Aquí, para el cliente Bob Hirohata, desarrollaron un Mercury del 1951, desde el piso hasta el techo, para exhibirlo en el evento de Motorama 1952, robándose el show y catapultando a los Hermanos Barris al estrellato.
Poco a poco el crecimiento de Barris Kustoms continúo creciendo, llamando la atención de los estudios cinematográficos de Hollywood, que buscaban la creación de diferentes automóviles para sus distintas series. Entre otras, Barris diseños los vehículos utilizados en series como: Batman, Starsky & Hutch, el General Lee, la familia Munster, el auto de los Monkees, los dos Mustang de Sonny & Cher, y docenas de estrellas de Hollywood que buscaba algo especial para sus autos personales.
El nombre de Barris se convirtió en una leyenda y aun ahora, a sus más de ochenta años de edad, uno lo ve en los diferentes auto shows o eventos de concourse délegance, codeándose con la gente de industria y siempre elegante, aunque vestido con ropa sumamente colorida y llamativa y con sus extravagantes gafas. George Barris es una verdadera leyenda viviente del automovilismo y un ejemplo para los que llevan muchos años en la misma. Es una persona sencilla, accesible y siempre con una sonrisa en sus labios.
Un dato poco conocido de George Barris fue su habilidad como fotógrafo y el hecho de que fue uno de los fotógrafos favoritos de la súper estrella de todos los tiempos, Marilyn Monroe.
Autos Clásicos e Históricos le desea una larga vida y que Dios le bendiga siempre por lo que hizo para la industria y en particular para este servidor que aun continua admirándolo como aquel dias hace casi un medio siglo. Para aprender mas sobre George Barris y sus proyectos, pueden visitar su portal haciendo "click" en el siguiente enláce: www.barris.com .
 
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